jueves, 24 de noviembre de 2016

La perturbación del sueño de las alondras

 En aquella mañana luminosa, las alondras sobrevolaban el cielo, cantando a las columnas de humo negro que aún salían de los cascotes, indiferentes a lo acontecido, indiferentes al fulgor que las despertó en la noche, trastocando sus sueños sobre nidos acolchados y lombrices de tierra. Durante un instante, sus ojos cansados vieron la estrella gigante que dejó silencio en su apagarse y volvieron a su descansar, cuando el manto de la noche cubrió sus árboles de nuevo.
Los lobos, avalentonados ante la ausencia de algarabía, se acercaron a las fronteras valladas y miccionaron sobre los alambres, haciendo suyas las delimitaciones imaginarias levantadas por los hombres.
En las cuencas calcáreas de ojos vacíos, gardenias fragantes nacían, levantando hermosas y con orgullo sus colores hacia el cielo, creciendo en nuestra muerte.Y la naturaleza, para olvidarnos del todo, puso un tupido manto de vegetación sobre las casas, sobre las máquinas apagadas y las fábricas mudas.
Y ya nunca nada fue, ni las guerras y las creencias, ni los libros escritos y las canciones compuestas. El tiempo transcurrió sin recordarnos en su cháchara monótona de estrellas y galaxias que danzan en infinitas trazadas elípticas.

martes, 22 de noviembre de 2016

Tristeza

La tinta reseca de mi conciencia dibuja un esbozo sobre la realidad de las circunstancias que siento, en hojas huérfanas de lectores. Renglones troceados por palabras ininteligibles, que marcan surcos de espacios vacíos en folios virginales.
El abismo obscuro de la inefabilidad, domina el salvoconducto que otrora las letras me otorgaban. Las musas han muerto sufriendo mis achaques de tiempos infernales.
Ya no puedo vislumbrar los mañanas vestidos de sueños con esperanzas, que portaban en manos brillantes las metas de mi destino. En la lontananza neblinosa sólo se cuela la certeza de un rayo mántico que me ciega de locura.
No hubo ninguna heroína que traspasase los barrotes de pirita oxidada, de la gran jaula dorada que me aprisiona. Encerrado con la llave de la realidad, una realidad hostil hacia los valores que apreciaba. Mi alma, agotada por correr en círculos sin porvenir, es inducida a la destrucción; apenada, anhelando una huida hacia cualquier lugar menos éste.
Tal vez la nada sea la perfección de un mundo sin tristezas. Sin depresiones con fauces de insomnio, depresiones con garras que aniquilan los atisbos de promesas felices.
El futuro parece un gemelo del hoy, que no querré criar.